jueves, 15 de febrero de 2018

Lejía en la colada



Subió los diez pisos hasta la azotea portando su “arma” bien escondida bajo la bata. Maldecía y resoplaba a cada escalón por el esfuerzo, pero estaba segura de que merecería la pena.  

Le habían advertido de que era peligroso meterse con “los de arriba”, que siempre llevaban las de ganar, pero la afrenta venía de largo y ya había llegado a su límite de aguante: aquel sería el día en que ajustara cuentas.

Mientras pulverizaba generosamente la ropa de sus vecinos con perversa dedicación rumiaba para sí: “ahora os lo pensaréis dos veces antes de arrojar más basura a mi precioso patio. ¡Esto es la guerra!” 

Julia C. Cambil