domingo, 6 de marzo de 2016

Malena es nombre de mujer (XII)



Había pasado mala tarde el día anterior y una noche realmente infernal, pero el tiempo no se había cumplido y Malena no creyó que se debiera a la inminencia del parto. De todas formas pensaba consultar con su médico en cuanto se encontrara mejor. Quería asegurarse de que el embarazo marchara bien.

No hubo ocasión: antes del medio día y mientras trataba de descansar echada en su cama, rompió aguas y comenzó a sentir las primeras contracciones. ¿Cómo era posible? Su hijo no debía llegar hasta dentro de al menos cinco semanas, no estaba preparada, no tenía sus cosas listas, ¡estaba sola! El torbellino de ideas que fruncía su ceño apenas si conseguía filtrarse a jirones entre la densa bruma de pánico que ocupaba su cerebro en esos primeros momentos. Después se serenó, respiró hondo y comprendió que tener miedo era un lujo que no podía permitirse. Tenía que buscar ayuda y rápido.

Ella no tenía teléfono en casa y estaba segura de que en su estado no podría salir a la calle y llegar hasta una cabina. Avisar a Marcos se le antojaba una misión imposible. “Piensa, Malena, ¡rápido!” se urgió a sí misma. Y entonces tuvo una idea: rebuscó en su monedero y se acercó a la ventana esperanzada; agitó el billete en su mano haciéndoles señas a unos críos que jugaban en la calle. Ellos harían el recado.   

A pesar de habérselo prometido a la futura madre faltó a su palabra: apenas supo la noticia Marcos avisó a Tonio y le indicó a qué hospital iba a llevarla

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Gloria era una mujer inteligente y la vida le había enseñado, además, a ser eminentemente práctica. Sabía que la oportunidad para rehacer su vida según sus propios deseos expiraría en el mismo instante en que Tonio tuviera entre sus brazos a su hijo.

Era digno de ver cómo hablaba del bebé, con auténtico arrobo, y cómo hacía toda clase de planes para él sin haber nacido siquiera. Su conducta la enternecería de no considerarla un problema: ella tenía claro que cuando el crío estuviera en el mundo nadie podría separarle de él ni, por añadidura, de su rival. Suerte que Malena seguía empecinada en hacer su vida lejos de todos ellos.

A pesar de las duras palabras que Tonio le dedicara en el pasado, no encontró el momento ni quizás las fuerzas para hacerlas valer. Tenían mucho trabajo poniendo orden después del “parón”, atendiendo los negocios y tratando de recuperar a algunos socios dubitativos de volver a hacer tratos con ellos. No era el momento para renunciar a la inestimable ayuda de la rubia. La “sentencia de alejamiento” quedó tácitamente suspendida por el bien de “la empresa”.

Por todas estas razones los pasos de Gloria, que caminaba por la cuerda floja de un enamoramiento tan lleno de inconvenientes, eran esforzados. Pasaba sus días tratando de mostrar ante Tonio, a partes iguales, a la socia competente y seria que despertara su admiración profesional y a la mujer deseable que provocara en él una reacción más pasional. Por de pronto se felicitaba de tratar con él casi a diario y de no haber quedado excluida de su existencia, pero el tiempo se agotaba y debía dar un paso al frente. Era imposible que Tonio no echara de menos el calor de una cama compartida; esa era su mejor baza. 



Aquella mañana andaban haciendo inventario en el almacén de bebidas alcohólicas del que proveían a algunos de sus socios y de donde surtían sus propios garitos. No era el escenario más romántico del mundo, pero estaba a resguardo de la vista de curiosos y era lo bastante estrecho como para poder hacer pasar por casuales e inevitables algunos roces.

Gloria se quitó la rebeca argumentando que no quería ensuciarse de polvo y dejó a la vista una blusa ligeramente transparente color beige que insinuaba el encaje de su ropa interior. Después se recogió el cabello en un ensayado moño que mostraba su seductora nuca y el nacimiento de sus hombros. Cuando estuvo lista pasó delante de él por la puerta y ascendió los empinados escalones desafiando la capacidad de su estrecha falda para permitirle el movimiento de piernas necesario. Confiaba en que Tonio no encontrara nada más que mirar que el vaivén sinuoso que ella le ofrecía. Así era. Una vez arriba, completamente satisfecha al comprobar su azoramiento, tomó su carpeta y comenzaron con el trabajo.

Era la primera vez que estaban realmente a solas y a Gloria no le quedaba más remedio que jugarse el todo por el todo; quizás no hubiera otra oportunidad. Siguiendo su plan y después de pasar innecesariamente cerca de su socio en varias ocasiones,  simuló tropezar con una de las cajas de madera y hacerse daño en el tobillo. Tonio, que sobre todas las cosas era un caballero, enseguida se aproximó a ella y se interesó por su bienestar. La rubia olía condenadamente bien y seguía teniendo unas piernas esculturales. A la palpación no parecía que hubiera ningún hueso roto, una torcedura todo lo más, pero ella seguía quejándose y mordiéndose el labio inferior. No se había fijado hasta ese momento, pero su boca era del color de una fresa madura. El estaba turbado; ella francamente entregada en su papel de seductora involuntaria. Le rodeó inesperadamente el cuello con los bazos y le pidió que la ayudara a ponerse en pie. Era el momento, estaba decidida a besarle y segura de no ser rechazada, pero la voz profunda de Marcos sonó en el callejón haciendo añicos el encantamiento y dando al traste con todos sus esfuerzos.

Tenían que bajar enseguida, Malena estaba de parto.

Julia C. 

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Código 1603066806785
Fecha 06-mar-2016 13:21 UTC
Licencia: Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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