domingo, 19 de febrero de 2017

Los refranes de tu vida: Gema Avefénix



Yo y solo yo tengo la culpa, ya lo sé. Cuando más animada estaba la sección y más participación tenía, que es lo que realmente importa dado que la ideé como lugar común de encuentro, frené en seco y la dejé en “stand by”. Si sirve de algo diré que no fue por mi gusto y que ojalá no hubiera tenido los motivos que me llevaron a dejarla, pero el caso es que lo hice y pido mil perdones.

Os los pido a quienes veníais a leer y a comentar, espero que también a disfrutar, pero sobre todo a las personas, compañeros nuestros, que ya me habían enviado sus entradas para colaborar y que se quedaron “colgados”.
Yo tengo mucha suerte y ellos una paciencia infinita, está claro, así que tras el parón y gracias a su generosidad, vuelven “Los refranes de tu vida”.

En esta ocasión, para el reestreno, nos regala sabiduría popular y un buen montón de anécdotas familiares Gema Avefénix, a quien seguro muchos de vosotros ya conocéis. No os voy a contar lo que podréis leer de primera mano un poco más adelante, pero debo decir que su aportación encarna a la perfección la idea que yo tenía sobre estas colaboraciones; si disfrutáis la mitad de lo que yo lo he hecho leyéndola, ya habrá merecido la pena de sobra venir hasta aquí.

Nuestra compañera administra un blog que lleva por nombre “Ave fénix, hagamos posible lo imposible” y que es como ella misma, pura travesía a través de la curiosidad, la ternura, el aprendizaje, la superación y la solidaridad. Si queréis conocer su historia allí encontraréis el rastro de una persona fuera de lo común, valiente, luchadora, vital y, sobre todo, muy humana. Os invito a ello porque es un viaje que merece la pena.

No me atrevería a fijar una temática concreta sobre la que Gema escriba, porque cualquier cosa que le llame la atención puede ser motivo de inspiración. Sus reflexiones acerca de la existencia misma, sus colaboraciones para otras publicaciones que tratan sobre temas concretos de los que ella sabe mucho, las experiencias, buenas y malas, que la vida le va poniendo al paso, descubrimientos científicos que despiertan su curiosidad, música, fenómenos curiosos… de todo podéis encontrar en su blog. Incluso últimamente ha hecho sus pinitos en el mundo de los relatos y microrrelatos. Ella siempre dice que le gusta aprender, afrontar retos nuevos, hacer cosas diferentes, huir de lo de siempre… y ahí tenemos una nueva prueba de ello y una nueva oportunidad para disfrutar del talento de esta intrépida bloguera.

No quiero extenderme más para no aburriros, pero no me voy sin darle mi más sinceras gracias a Gema por su paciencia y su generosidad. Y como en esta entrada que nos regala ha tenido mucho que ver su madre, desde aquí le envío también un cariñoso saludo a ella, a Matilde. ¡Sois geniales, chicas!

****** 
Ante todo quiero agradecer a Julia, por hacerme partícipe en su sección: Los refranes de mi vida. 

Me parece una iniciativa fantástica, que nos hace de puente a recuerdos personales, que much@s llevamos guardados de generación en generación como una joya, para no olvidar nuestras raíces.

"La una por la otra, la casa sin barrer", así fueron los mensajes de Julia y míos, antes de participar en su sección. Pero como “hablando se entiende la gente", llegamos a un acuerdo. Así que me lancé a esta aventura refranera, haciendo una  llamada de teléfono a mi madre, ya que desde hace años, tanto a mis hermanos como a mí, nos ha empapado bien del refranero nacional y sobre todo Extremeño.

Me fascinaba de niña, escuchar las conversaciones e historias vividas de mi madre y mi tía, siempre acompañadas de consejos y refranes. Matilde, que así se llama mi madre, nació en un pueblecito de Badajoz: Azuaga (Extremadura) y sus obligaciones de niña, muy a su pesar, eran cuidar del cortijo, servir a terratenientes y cultivar en el campo. Así que como nació siendo una apasionada de la lectura y la escritura, no le quedaba más remedio que esconderse en el cuarto de baño, a escondidas de mis abuelos, para poder escribir poesías y leer novelas rosas, que tanto la hipnotizaban y alejaban de su rutina campestre.

Toda esa pasión por las letras, la mantuvo en secreto hasta su etapa de adolescente, cuando ya había emigrado a Barcelona.


 A día de hoy tengo muchas disputas con ella, por este tema. Ha dejado su creatividad totalmente a un lado, para centrarse exclusivamente en los problemas familiares. "¡¡Ya no estoy inspirada como antes!!". Cuando me dice eso, me enervo. Pero aún me hace sonreír cuando le regalo un libro, y se introduce tanto en la lectura, que es que se olvida hasta de respirar. Así que, tras conocer esta iniciativa refranera y mientras pelaba patatas con el altavoz telefónico activado, se dispuso a bombardearme con mucha ilusión refranes:


"Quien canta sus males espanta": a golpe de frote que te frote ropa en el río, mi madre y mi tía, cantaban coplas, para evadirse de lo frías que se le ponían las manos, con el agua helada, en invierno.

"No te rías del mal del vecino, que el tuyo viene de camino": un refrán que me mencionaba mucho desde niña, para respetar las situaciones embarazosas de los demás.

"Nunca llueve a gusto de todos": a veces no hay más remedio que conformarse y no ser un o una quejica.

"Pan para hoy, hambre para mañana": es invertir a día de hoy en algo de forma rápida y con ansia, que luego en el día de mañana, no nos va a servir, ni a beneficiar.

"Cuando yo no tenía nada, yo a ti te daba, y ahora que tengo ya no te doy nada; busca a quien no tenga que te dé, que cuando yo tenga, yo te daré.": ¡¡este refrán me ha dejado K.O.!! Según sus palabras... hay mucho "piojo resucitao" que ya no se acuerda de las penurias que han "pasao".

"Siéntate en tu portal y verás tu enemigo pasar": cuando alguien se las hacía pasar mal a mi madre, mi abuela le aconsejaba con este refrán. En Azuaga, antiguamente, cuando fallecía algún o alguna vecin@ del pueblo, se les paseaba por todo el pueblo en su ataúd. Y much@s vecin@s, veían a su enemigo pasar... sin hacer uso de venganza.

"Eres como marzo, que si no la pega a la "entrá", la pega a la "salía": en marzo el tiempo es muy inestable, tan pronto tenemos calor... como que viene una brisa que nos deja helad@s. ¡¡Muy traicionero!!

Y por último, un refrán que decían mucho sus vecin@s de Azuaga, que temían que los lobos acabaran con su rebaño y tenían que ser cautos.: "Al tiempo no se lo comen los lobos".

Espero haberos aportado nuevos refranes y que os hayan gustado, ya que el listado que me dio mi madre por teléfono era interminable, así que escogí aquellos que más me sonaban y gustaban.

Con cariño,
Gema ;)


domingo, 12 de febrero de 2017

La adopción



Siempre tuvo la sensación de que el agua se llevaba sus pecados y aligeraba el peso de su conciencia. Quizás fuera porque se llevaba también los restos de sangre que manchaban su piel.

Descubrir que la muerte ajena le proporcionaba tanto placer fue una turbadora revelación a la que se resistió cuanto pudo, pero ¿quién puede anular su propia naturaleza a fuerza de disciplina y voluntad tan solo? Nadie, o al menos no para siempre.

En su mente procuraba, eso sí, que las muertes no fueran indiscriminadas, dotarlas de algún sentido por pequeño que fuese. La mayor parte de las veces no lo lograba y tenía que admitir con cierto disgusto que no había más razón que su capricho. Porque la habían mirado con miedo, porque no lo habían hecho, porque parecían intolerablemente felices, porque era mejor extinguir de raíz su insulsa tristeza; cualquier excusa valía. Después acallaba sus escasos remordimientos con una exhaustiva ducha y dejaba que el purificador chorro de agua la devolviera sin mácula a la realidad, muy lejos de sentirse el monstruo que en la prensa describían.

Pero en toda existencia, por pervertida y dañina que sea, puede haber un poco de luz. Y esta llegó en forma de rosada carne infantil a la vida de Tula. ¿Cómo era posible que aquella criatura no hubiera llorado mientras ella hacía brotar a borbotones la sangre del cuerpo de su madre? ¿Cómo era posible que los alaridos de pavor de su víctima no le hubieran provocado el llanto, ni tan siquiera un quejido? Lo tomó como una señal.  

Tula decidió llevarse a la niña consigo. Llena repentinamente de ilusión y de proyectos para un futuro menos solitario y más generoso, vio la oportunidad de redimirse en parte. Se prometió que le daría a la pequeña lo mejor de sí: la enseñaría a ser una asesina que nunca pisara la cárcel.

********

Alma no había llorado en aquella ocasión ni lo haría nunca: era sordomuda. Tal circunstancia, en principio, fue una decepción para su mentora, pero luego consideró que superar aquella contrariedad supondría un reto aún mayor, y a ella le gustaban los retos. También el silencio. Además, dado el oficio que pretendía enseñarle, quizás pudiera convertir su tara en una ventaja.

La niña recibió su primer cuchillo como regalo de aniversario al cumplir los quince años. Tula no pretendía que lo usara aún con ninguna persona, quería ser paciente y hacer bien las cosas, pero era importante que se familiarizara con su peso, su tacto, su tamaño. La destreza era fundamental a la hora de sorprender a la víctima y privarla de la oportunidad de gritar. Alma se mostró entusiasmada de tener su propia arma y salieron a por algunos gatos callejeros para estrenarla como era debido. Fue una fiesta de cumpleaños inolvidable que terminó con una ducha bien caliente antes de irse a la cama y plácidos sueños de animales mutilados. Sí, también eso se lo había inculcado su madre adoptiva, el gusto por el agua como forma de exculpación.

La “puesta de largo” oficial tuvo lugar a los dieciocho. La joven estaba bien adiestrada y ardía en deseos de acompañar a su madre en sus “juegos”, como eufemísticamente denominaban ellas los crímenes de Tula. Hasta ese momento solo conocía sus andanzas por las historias que le contaba después. La asesina se extendía prolijamente con los detalles, llena de emoción, como quien imparte una clase magistral. Pero a Alma todas aquellas explicaciones se le antojaban tediosas y faltas de color. Ambas dominaban con soltura el lenguaje de los signos, pero aun así sentía que no podría compartir plenamente el sentimiento hasta que no lo viera con sus propios ojos y lo hiciera con sus propias manos. Estaba impaciente.

********

Todo fue bien, destriparon a aquel banquero gordo y rubicundo con deleite, disfrutando cada segundo. No tenían miedo a ensuciarse con la sangre o las vísceras, ya tomarían un baño después, y disfrutar de aquella tibieza que se extinguía por obra y gracia de sus cuchillos las acercaba al éxtasis.

Aquel acto fue una verdadera comunión entre madre e hija, la culminación de un proceso lento y retorcido en el que el sufrimiento y la muerte de otro selló definitivamente su complicidad y su mutuo amor. Alma estaba agradecida por la oportunidad, se sentía plena y decidió que ella también le haría un regalo a su madre esa noche.

********

Tula dormía y no tuvo tiempo de reaccionar. Con un movimiento rápido y certero, como le habían enseñado, Alma le seccionó a su madre la lengua de un tajo. Después le sonrió, le acarició la mejilla cubierta de sangre y fue a dormir. Ni siquiera sintió ganas de tomar una ducha.

Ya había entregado su regalo, el silencio absoluto y exquisito en el que ella vivía desde siempre.   

Julia C.